La esencia de cada cosa

El sábado fui sin avisar a cenar a Bonanova, saliendo con mi amigo Ramon Riera del cine Balmes de ver la película sobre Steve Bannon, imprescindible si se quiere entender qué es y qué se propone el populismo.

Bonanova es un gran restaurante al que por motivos más allá de mi comprensión voy poco, mucho menos de lo que la casa merece y mucho menos de lo que a mí me gusta. Es terrible darse cuenta de estas cosas porque en resbaladizo terreno de lo que no tiene explicación no me siento nada cómodo.

Adolfo y Carlos Herrero son los dueños y tienen el doble acierto de tener un producto extraordinario y de saberlo tratar del modo más elegante. Con elegante me refiero a una mezcla de respeto y de humor, de contención en la forma pero de atrevimiento en lo conceptual, de manera que una cocina que podría parecer clásica, y sólo clasica, acaba teniendo matices y acentos de luz que no sólo la hacen buenísima sino además interesante. Las croquetas de pularda, el tartar, la ensaladilla rusa son platos convencionales que en Bonanova adquieren una significación especial, con sus detalles de calidad que no esperabas.

No es fácil mantener un restaurante como Bonanova. Cuando saltas sin red cualquier defecto se nota mucho más y puede tener consecuencias fatales. Al no haber artificio, ni nada que sobre, al ser todo esencial, y jugártelo a la carta única del producto y del punto de gracia en la cocina, todo tiene que estar perfecto. Y la verdad es que Adolfo y Carlos lo consiguen en cada plato, concretando en los detalles su talento y su experiencia.

La sala es amplia y confortable, el servicio es atento y veloz, lo que es muy importante, tanto lo primero como lo segundo. Ya está abierta la terraza, que es en realidad un patio interior, sin el ruido tan molesto de los coches.

Bonanova
Sant Gervasi de Cassoles, 103. 08022. Barcelona. 934171033.

Cocina: 9

Sala: 8

Servicio: 8

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